SOBRESALIENTE EN MISERIA

SOBRESALIENTE EN MISERIA

El otro día me contaron una historia muy triste. Según me dijeron, resulta que una señora mayor se puso muy enferma y quedo impedida. Su marido, preocupado por darle una vida lo más confortable posible dentro de sus limitaciones, compró una vivienda y la habilitó para que su señora tuviese la mayor autonomía posible. Cuando la casa estuvo preparada, se mudaron allí con ilusión pero la fortuna no les sonrió y la señora sólo pudo disfrutar un día de dicha vivienda ya que falleció. El viejito quedó completamente descompuesto, roto, hundido por semejante pérdida. Con un dolor que le carcomía el alma, poco a poco fue apartándose de todos y aislándose de la sociedad. El caso es que un día encontró cierto consuelo acercándose a los animales, un consuelo que no fueron capaz de proporcionarle las personas, así que, habitualmente, le daba de comer a los gatos callejeros. Algunas de sus vecinas, en lugar de comprender que estaba muy mal, en lugar de tener un poquito de sensibilidad y empatía con este señor que estaba pasando por los momentos más difíciles de su vida, en lugar de compadecerse de él por haber perdido a su ser más querido, en lugar de apiadarse por el inmenso sufrimiento que atenazaba a este pobre hombre, en lugar de tener un poquito de humanidad para comprender el dolor ajeno, se comportaron de la forma más intolerante posible y fueron a quejarse al ayuntamiento el cual había publicado una ordenanza en la que se prohibía dar de comer a los animales callejeros.

Los humanos solemos tener comportamientos difíciles de comprender y a algunas personas no les basta con tener una buena vida sino que encima tienen que fastidiar a quienes no tienen nada. A algunas personas no les basta con tener sus necesidades cubiertas y tener una vida social rica así que necesitan hacer daño a quienes tienen toda clase de necesidades. Imagina que no tienes un refugio donde cobijarte, que cada día te levantas sin saber si vas a poder comer o beber, que pasas calor en verano y frío en invierno, que te mojas cada vez que llueve, que te toca ver a tus hijos pasar hambre, que sufres el rechazo y la incomprensión más absoluta por los que se tienen por humanos pero que demasiadas veces se comportan como si careciesen de humanidad… Imagina que has de pasar toda tu vida escondiéndote y sorteando toda clase de peligros, que no tienes un momento de paz porque has de estar siempre alerta luchando cada día por sobrevivir, sufriendo y contemplando como sufren tus seres más queridos. Imagina que encuentras a una persona que se compadece de ti, que es capaz de comprender tu sufrimiento porque sabe de sobra lo que es sufrir y que os ayudáis mutuamente y, cuando eso ocurre, aparecen ciertos personajes y, sin ser capaces de tener un mínimo de misericordia, ponen el grito en el cielo.

Al quejarse el vecindario, el ayuntamiento no tuvo más remedio que sancionar al pobre anciano que se había refugiado en los animales y ese consuelo que había encontrado en ellos, se esfumó. El anciano quedó muy afectado, los animales volvieron a quedar desamparados pero esas señoras que no fueron capaces de tener la misericordia suficiente como para comprender que, en ciertas circunstancias, hay que ser un poquito flexible, quedaron muy satisfechas. Habían hecho mucho daño a una persona que lo estaba pasando muy mal pero se habían salido con la suya. Entiendo que, si a estas señoras les causaban molestias los animales callejeros, lo lógico hubiese sido que se dirigiesen a las autoridades municipales y les exigiesen que tomasen cartas en el asunto para que no hubiesen animales desamparados. Lo que tocaba es que la administración se hiciese cargo de los animales abandonados proporcionándoles sustento y controlando la población de los mismos esterilizando a las hembras; al menos es lo que se espera de una sociedad con cierto grado de civilización pero, por desgracia, vivimos en una sociedad en la que hay demasiada gente que se cree muy evolucionada mientras hace gala de comportamientos dignos de seres primitivos.

Los gatos son animales domésticos, no estamos hablando de ratas y cucarachas. Los gatos eran adorados en una civilización tan avanzada como la egipcia. Personas que poseían una gran sabiduría cuidaban de estos animales y los mimaban pero, en pleno siglo XXI, uno se encuentra con comportamientos que están muy alejados de lo que se esperaría de alguien con cierto nivel.

Hay personas que, en lugar de exigir a su administración que cumpla con sus obligaciones, prefieren ser lo más sumisos posible con quien ostenta cierto poder mientras son implacables con quienes necesitan ser ayudados. Hay personas que se arrodillan ante el poderoso mientras no dudan en machacar al necesitado.

Señoras, visto su comportamiento, si ustedes fuesen mis alumnas y yo fuese su profesor y les encargase un trabajo sobre los valores y los antivalores, viendo cómo se comportan  ustedes, pienso que no tendría más remedio que puntuarles con una matrícula de honor en cobardía y un sobresaliente en miseria.

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